lunes, 26 de marzo de 2007

La primavera ya llegó


Se supone que ya estamos en primavera, que debería hacer sol (cosa que me encanta) y los pajaritos se deberían ir escuchando ya. Pues no. No hay nada de eso. Una mierda. A cambio está lloviendo. Así no hay quien levante cabeza...
Esta alegría que me invade quizás se deba a que se acercan los 29, que no es tan malo como ver los 30. Para mí lo peor de todo esto no es envejecer, estar podrido, tener mal aspecto, etc.; lo que me resulta angustioso es que mi paso de casi 30 años por este mundo no se ha notado, y a estas marchas, ni se notará. Da igual quien lo note, pero sí que me gustaría notarlo yo.
Normalmente a esta edad la gente tiene una cierta estabilidad, si no por un lado, por otro, pero aquí estoy yo, que soy la excepción que confirma la regla. No tengo trabajo serio (solamente cosas esporádicas), no tengo novio (ni proyecto de novio), no poseo nada (tampoco debo, eso es lo bueno) y vivo con mis papis. Vamos, que en resumidas cuentas, estoy como si el tiempo no hubiera pasado, como cuando tenía 13 años, pero sin las ganas de vivir de los de la edad del pavo y con más mala leche (que ya se sabe, va creciendo según aumentas en años). No sé, tal vez haya nacido para ser treceañera toda mi vida, y así me voy a quedar, inestable y loca perdida.

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