Esta chiquilla me tiene encantada
lunes, 23 de julio de 2007
Los domingos
Aquí estoy otro domingo más, inmersa en la rutina de la cual y no sé por qué, sólo me doy cuenta los domingos, y si fuera una rutina buena, pues todavía lo sobrellevas, pero esta rutina mía no es nada buena. La resaca me hace comer, comer y comer guarrerías, y las voces de mi cabeza me dicen: ¡VAYA MIERDA DE VIDA LLEVAS!
Estaba abriendo páginas y de repente escuché esta canción, que me puso más triste aún:
Me pregunto cuántas veces habré hecho daño a alguien y no me habré dado cuenta, y a quiénes...
El caso es que parece que escribir me sienta bien, y como hacía tiempo que no escribía me he puesto manos a la obra.
Pues sí, todos los domingos estoy jodida. Es como un bajón que me viene en el mismo lote que la resaca, y que no me deja pensar en positivo, siempre en negativo. Todavía la gente que sabe lo que quiere, aunque no lo tenga, por lo menos lo tiene más claro, pero esto de no saber lo que quieres es un problema, no puedo ir a por ello, no sé para donde moverme, para donde ir. ¡Y qué bonito el misterio de la vida! Para mí desde luego que sí es un misterio, no sé ni donde voy a estar mañana. Lo raro es que antes esta incertudumbre de no saber nada, de no tener sitio, me encantaba, el factor sorpresa y no saber nunca lo que va a pasar, pero por lo que se ve he envejecido o algo así, o simplemente me he cansado. Las etapas están para vivirlas, y cuando las has vivido, pues te cansas y necesitas hacer otras cosas (bueno, yo me canso antes que el resto de la gente). Lo cierto es que cuando tu vida avanza, y llamémoslo avance por el pasar del tiempo y no por el progreso, se te van cerrando algunas ventanas por las que podrías escapar, y sí, es verdad que otras se abren, pero las otras ventanas eran mejores. Muchas veces te gustaría vivir otra vida distinta a la tuya, nueva, pero esto supondría empezar de cero, sin tu gente... Eso sí, se abrirían todas las ventanas de un golpe, aunque nos enfrentaríamos al abandono de los apoyos infatigables, que sabemos que nunca o casi nunca fallan (no hay nada seguro en esta vida).
Moraleja: el ser humano encuentra la estabilidad cuando ha muerto
Estaba abriendo páginas y de repente escuché esta canción, que me puso más triste aún:
Me pregunto cuántas veces habré hecho daño a alguien y no me habré dado cuenta, y a quiénes...
El caso es que parece que escribir me sienta bien, y como hacía tiempo que no escribía me he puesto manos a la obra.
Pues sí, todos los domingos estoy jodida. Es como un bajón que me viene en el mismo lote que la resaca, y que no me deja pensar en positivo, siempre en negativo. Todavía la gente que sabe lo que quiere, aunque no lo tenga, por lo menos lo tiene más claro, pero esto de no saber lo que quieres es un problema, no puedo ir a por ello, no sé para donde moverme, para donde ir. ¡Y qué bonito el misterio de la vida! Para mí desde luego que sí es un misterio, no sé ni donde voy a estar mañana. Lo raro es que antes esta incertudumbre de no saber nada, de no tener sitio, me encantaba, el factor sorpresa y no saber nunca lo que va a pasar, pero por lo que se ve he envejecido o algo así, o simplemente me he cansado. Las etapas están para vivirlas, y cuando las has vivido, pues te cansas y necesitas hacer otras cosas (bueno, yo me canso antes que el resto de la gente). Lo cierto es que cuando tu vida avanza, y llamémoslo avance por el pasar del tiempo y no por el progreso, se te van cerrando algunas ventanas por las que podrías escapar, y sí, es verdad que otras se abren, pero las otras ventanas eran mejores. Muchas veces te gustaría vivir otra vida distinta a la tuya, nueva, pero esto supondría empezar de cero, sin tu gente... Eso sí, se abrirían todas las ventanas de un golpe, aunque nos enfrentaríamos al abandono de los apoyos infatigables, que sabemos que nunca o casi nunca fallan (no hay nada seguro en esta vida).
Moraleja: el ser humano encuentra la estabilidad cuando ha muerto
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